Albañil australiano caza tiburón con sus manos
Peluquero británico ofrece semen de toro como acondicionador. Después de 26 años, anciano chino se asea su cabello de casi dos metros de largo
Un albañil australiano cazó con sus propias manos un tiburón de poco más de un metro gracias a las copas que se había tomado antes de salir de pesca con sus amigos. Philip Kerkhof, de 41 años, se metió sin pensarlo en el agua y persiguió al escualo hasta agarrarlo, pelear con él y subirlo al barco, ante la mirada atónita de sus compañeros. Kerkhof, quien solo sufrió un desgarro en los pantalones, dijo posteriormente que no se había dado cuenta de «la bobería» que cometió hasta que despertó al día siguiente. Y eso que, dijo, solo tomó... unos traguitos de más. En otra ocasión, quizá despierte en el estómago de un bicho...
ACONDICIONADOR PECULIAR
Un peluquero británico está ofreciendo a sus clientes un tratamiento para acondicionar el cabello, a partir de un ingrediente bastante original: semen de toro. Ahora los clientes de Hari Salem, quien combina la secreción con raíces vegetales ricas en proteínas, pueden acceder a esta terapia que dura 45 minutos y consiste en la aplicación del «singular» preparado con suaves masajes. El estilista reveló además que el semen es refrigerado antes de ser usado, carece de olor, y deja el pelo increíblemente suave y con volumen. Quizá su lema es: «viscoso, pero esponjoso».
ASEO PELIAGUDO
Un anciano chino que no se lavaba el cabello hacía 26 años, decidió poner fin a su racha y precisó la ayuda de doce personas para asear su melena de 1,83 metros de largo. Se trata de Luo Shiyuan, de 80 años, quien aprovechó también para acicalar su barba de 1,52 metros. Dada la dimensión de su luenga cabellera, el champú no logró su efecto revitalizador, por lo que utilizaron detergente en polvo, aunque así y todo necesitaron tres paquetes para higienizar de una buena vez a Luo. Menos mal que antes no se le ocurrió pelarse, porque de seguro habría hecho falta... ¿una sierra eléctrica?
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Albañil australiano caza tiburón con sus manos
Republicanos obstruyen debate sobre Iraq en Senado de Estados Unidos
Republicanos obstruyen debate sobre Iraq en Senado de Estados Unidos
De nuevo los demócratas no lograron los votos necesarios para debatir en el pleno una resolución contra el despliegue de más efectivos en el país árabe
WASHINGTON.— Legisladores republicanos obstruyeron debatir nuevamente en el Senado este sábado una resolución idéntica a la aprobada el viernes por la Cámara de Representantes contra la guerra en Iraq y el envío de más de 21 000 soldados adicionales.
Al igual que ocurrió a principios de mes, los demócratas no lograron los 60 votos necesarios para debatir en el pleno una resolución contra el despliegue de más efectivos en el país árabe, según ordenó el presidente George W. Bush en enero pasado.
Al final, 56 senadores, incluyendo varios republicanos, votaron a favor de iniciar el debate sobre la resolución, y 34 en contra. La diferencia de votos mejoró respecto a la votación anterior, de 49 votos a favor y 47 en contra, pero fue insuficiente.
Los republicanos insisten en que se incluya en el debate otra resolución que pide protección a los fondos para los soldados, lo cual los demócratas consideran como una «distracción».
Una resolución no vinculante fue aprobada el viernes con 246 votos a favor y 182 en contra en la Cámara baja, pero carece de carácter obligatorio por lo que representa solo un voto simbólico en contra del plan de la Casa Blanca.
El líder de la mayoría demócrata en el Senado, Harry Reid, dijo antes de la votación que «la guerra en Iraq es el asunto más importante que enfrenta hoy este país», y consideró que un rechazo a la resolución constituiría una «luz verde» para Bush.
La Casa Blanca pidió el viernes a los legisladores la aprobación de fondos para financiar el aumento de soldados en Iraq, pese a que una muestra de USA Today Gallup, citada por PL, afirmó esta semana que el 60 por ciento de los estadounidenses se oponen al desplazamiento de más efectivos planteado por Bush.
Asimismo, el 63 por ciento de los consultados favoreció la acción del Congreso para retirar a los soldados a fines del próximo año, mientras un 57 por ciento acogió limitar los niveles de tropas, según el sondeo.
Polonia o el socialismo que no fue
Polonia o el socialismo que no fue
Piotr Ikonowicz, líder del Partido de la Nueva Izquierda, conversa con JR sobre los sucesos de las últimas dos décadas en el país europeo
Por Luis Luque Álvarez
Era yo un niño a principios de los ochenta, pero aún recuerdo las imágenes en blanco y negro de los mineros británicos que protestaban contra la tozudez de la Thatcher, y las manifestaciones contra el despliegue de los misiles Pershing II en Europa occidental.
Pero no eran los únicos descontentos. Había otros que salían a las calles con demandas al gobierno. Era en la República Popular de Polonia, cuyo modelo socioeconómico y político se calificaba de socialista, lo que encendía mi asombro aún más.
Años después, cuando se derrumbó el castillo de naipes del socialismo europeo, obtuve algunas respuestas. Días atrás, al conversar con Piotr Ikonowicz, líder del Partido de la Nueva Izquierda, me interesé en el tema y en los nuevos rumbos que tomó Polonia, donde los sueños se frustraron.
—En ese momento, en los 80, aquellas protestas se vieron como un revés contra el socialismo...
—Eso implicaría entender que los obreros, supuestos dueños de un país obrero, eran contrarrevolucionarios porque querían regir su propio país. Ellos no reclamaban capitalismo, sino que se cumplieran las promesas del socialismo.
«Había un contrato entre los trabajadores y el Estado. Este proporcionaba los servicios básicos y los ciudadanos no reclamaban sus derechos. Pero el Estado dejó de cumplir con su parte, el modelo de bienestar socialista se derritió, y entonces, con pobreza y sin libertad, la gente se dijo: “Si no hay ninguna de las dos, entonces no tenemos por qué apoyar al gobierno. Si el partido no nos hace ningún caso como obreros, ¿por qué debemos seguir apoyándolo?”.
«La estructura de los comités de huelga de Solidaridad fue idéntica a los soviets. Había una asamblea con sus delegados, y la regía otra asamblea regional donde se reunían delegados de varios centros laborales. Así surgió un poder alternativo, que negociaba con el gobierno. Sus postulados eran muy modestos, entre estos, que se liquidaran los privilegios de los miembros del partido, pues como había escasez de bienes, eran los “caciques” quienes accedían a estos, y resultaba que algunos eran “más iguales” que otros.
«Ahora bien, si la gente hubiera sabido que el resultado de todo esto iba a ser unas diferencias sociales y unos privilegios de tipo tercermundista, quizá nunca hubieran ido a la huelga. La consigna que ellos ponían en sus fábricas eran: ¡Socialismo sí, aberraciones no!
«Las aberraciones eran la arrogancia de la burocracia del Partido, y para comprobar que los contrarrevolucionarios eran los llamados comunistas —quienes resultaron ser oportunistas—, hay que ver cómo se desenvolvió la historia después de todos estos hechos: la élite gobernante del Partido Obrero Unificado Polaco se unió con la élite de la oposición política de derechas, que traicionó al movimiento huelguista sindical, y ambos concertaron un modo para apropiarse de los bienes y el patrimonio nacional, salido del trabajo y el sacrificio de millones de polacos durante todo el período de construcción del socialismo.
«Aquello fue increíble: un señor que no tenía un centavo, en poco tiempo pasó a ser dueño absoluto de una fábrica. Con el espíritu igualitario que primaba, nadie tenía plata para comprarse una fábrica. Entonces se inventaron las leyes de privatización, redactadas por los mismos aparatchik, personas de la llamada nomenclatura comunista, que son hoy los más ricos, los que tienen más negocios, bancos, compañías, y disfrutan del denominado “milagro polaco”, un milagro para pocos».
—Me ha llamado la atención el nombre de su partido: la Nueva Izquierda.
—Se trata de un intento de organizar a los obreros, los excluidos, que no están de acuerdo no solo con el gobierno, sino con el capitalismo como tal. No creemos ya en etiquetas. Si me preguntan si soy comunista, respondo: «Por lo menos».
«Estoy contra el capitalismo, me llames como me llames. Eso es lo decisivo. Algunos se titulan socialistas, y se venden al capital, mientras que otros no se han vendido, y no se denominan socialistas. Hay quienes luchan por una alternativa a la barbarie capitalista, y los que están proponiendo reformas para salvar al capitalismo salvaje».
—¿Han llegado al Parlamento?
—Yo fui diputado durante ocho años con los poscomunistas, que terminaron siendo liberales. Eran muy obedientes, primero a Moscú, después a Washington, y pensaban muy poco.
«Ahora, triunfar en unos comicios le es muy difícil a un partido que cuenta solo con las cotizaciones de sus miembros, la mitad de ellos desempleados. Por eso estamos organizando una red de TV e Internet, con muy buenos resultados, pues se reagrupa al partido a través de noticieros alternativos.
«Cuando se cree una red de opinión alternativa, se podrán promover mejor nuestras ideas. Nuestras opiniones sobre la privatización y la guerra en Iraq, concuerdan totalmente con las de la mayoría de los ciudadanos, pero ellos no saben que nosotros existimos, porque no se nos deja aparecer en la TV, sea estatal o privada».
—Decía usted que muchos desean la vuelta a una sociedad con más justicia social...
—La mayoría...
—Si es una mayoría, ¿por qué no surgen opciones viables en el plano político?
—Porque la única izquierda permitida en Polonia es la que antes militaba en el POUP y hoy apoya el capitalismo. Ellos sí van a la TV. Luego, quienes desean mejores tiempos, votan por ellos, porque no tienen otra información ni opción. Así se frena cualquier cambio, porque la gente se desilusiona, traicionada por sus propios representantes.
—¿Cómo sintetizaría la etapa desde 1989 hasta el presente?
—Con la historia de un obrero, que en la Polonia socialista nunca faltó al trabajo; cuando vino Solidaridad, participó en las huelgas; cuando se declaró el estado de guerra, estuvo en la resistencia, y cuando vino la «democracia», votó por el cambio. Un día, después de las elecciones, llegó a la fábrica y le informaron que estaba despedido. Se fue a casa, en pocos meses no pudo pagar el alquiler, y lo echaron a la calle con su familia y sus niños.
«Por cierto, esa ley, la del desalojo, fue aprobada por un gobierno de los llamados poscomunistas. El año pasado yo mismo fui encarcelado bajo acusación de ataque a la policía, porque estaba defendiendo a madres con niños menores contra los desalojos.
«Esta es la realidad del país. Las esferas en que se acumula el capital, los seguros, los fondos de pensiones, el sector bancario, todo se ha vendido por cinco centavos. El propio capital polaco se ha suicidado, porque ya no pinta nada, todo está vendido.
«Hablamos de un país que no puede gobernarse, porque la economía se dirige por el capital, ¡y el capital se fue! ¡No pintamos nada como polacos en Polonia! Si un empresario polaco necesita créditos, ya el banco no es polaco, sino extranjero, como el 90 por ciento de ellos, y el crédito no es accesible por las duras condiciones que imponen. Pero si viene una compañía holandesa, enseguida se lo otorgan. Y la pequeña empresa polaca no tiene ni oportunidad de competir.
«Además, tenemos cuatro millones de desempleados, que ya no reciben nada del Estado, pues los subsidios son para seis meses. Sobreviven de milagro, porque no tienen trabajo ni ayuda estatal alguna. Entonces se supone que deben infringir la ley, trabajar de modo ilegal, robar, mendigar, o emigrar. No se organizan, porque están al margen, excluidos. Pierden sus viviendas, se criminaliza su pobreza, y es un proceso de desintegración social en el que estamos desde 1989, imposible de frenar.
«Otro punto es que muchos patrones polacos no pagan sueldos durante meses o años. Cuando alguien roba un pan, es un ladrón, pero si le roban los sueldos de doce meses, “no cumplieron el contrato”, eso no está criminalizado. En estas condiciones, sin un movimiento sindical digno de mencionar, la gente emigra y se deja explotar, pero algo menos.
«Paradójicamente, esa emigración por el pan —estamos hablando de dos millones de polacos— ha mejorado un poco las relaciones en el mercado de trabajo dentro del país. Sin embargo, esa es una alternativa pobre...».
—¿Qué ha significado el ingreso en la UE?
—Por una parte, la frontera de la UE nos protege de la competencia directa de los productos fabricados en condiciones de peor esclavitud que en Polonia, y vendemos los nuestros a un mercado de consumidores que es el más rico del mundo. Eso hay que reconocerlo.
«Por otra, cuando emigra la mano de obra hacia el oeste, la gente aprende de sindicalismo y de derechos en España, en Irlanda, en Gran Bretaña, y regresan con otra cultura organizativa. Es importante que el movimiento obrero de ambas partes coopere».
—¿Hay algún camino para que retorne la justicia social?
—Creo que el ejemplo está en América Latina. En Venezuela, Bolivia, Cuba, y quizá en Nicaragua, la integración regional con el ALBA puede ser una opción.
«La gente es inteligente. No puedo ir a los excluidos y proponerles un socialismo inexistente, imaginario. Tengo que darles cifras, ejemplos, porque ya han hecho una revolución, la de Solidaridad, y les ha costado la vida, la perspectiva, la estabilidad y la dignidad. Después de una experiencia tan fresca, es muy difícil arriesgarse otra vez. Por eso tiene que haber alternativas que mostrar».
Barbarito
Barbarito
Por Ciro Bianchi Ross
Barbarito Diez se consideraba un hombre con suerte, pero solo en parte tenía razón, porque eso de mantenerse durante más de cincuenta años en la preferencia del público, como él lo hizo, es algo que no depende únicamente del azar, sino también de la constancia y la voluntad.
Toda la vida de ese popular cantante pareció estar signada por una premisa: No exagerar. Y también por una rara virtud: la fidelidad.
Su quehacer artístico comenzó en los años treinta y solo al final de su vida, ya muy enfermo, dejó de cantar. Con más de setenta años de edad mantenía en sus canciones los mismos tonos de su juventud. Y nunca había hecho reposo vocal. En las fiestas populares, que eran los espectáculos que prefería, solía dar hasta el límite, pero nunca fue un paso más allá. Y en la vida diaria rechazaba las bebidas alcohólicas, el cigarrillo y el café y gustaba de descansar bien. Siguió ese régimen tanto en la vejez como en la juventud, «porque si la naturaleza me ha ayudado, yo debo asimismo colaborar con ella», me dijo en una ocasión. Y puntualizó: «No excederme. Ese ha sido mi lema».
Su línea melódica, que mantuvo durante más de cinco décadas, fue la de la canción tradicional y el danzón. Era ya un intérprete conocido cuando aparecieron, sucesivamente, el mambo, el chachachá y un nuevo estilo dentro del bolero, que cautivaron al público. Nuevos nombres se inscribían con letras indelebles en el panorama de la música popular: Dámaso Pérez Prado y Benny Moré, Enrique Jorrín, Orlando de la Rosa, José Antonio Méndez y César Portillo de la Luz, Antonio Arcaño y su orquesta de Maravillas...
Y Barbarito, sin embargo, siguió siendo él mismo, apegado a sus ritmos iniciales. Tal vez hubiera algo de fetichismo en eso. Quizá se sintiera atraído por lo nuevo, pero temiera intentarlo. Confesaba que si se había insertado en la preferencia popular con la primera línea melódica que escogió, no veía motivo para variarla, «porque un hombre debe mostrarse siempre agradecido a su suerte».
Fuera esa la razón u otra, lo cierto es que en esa fidelidad, en esa constancia, en ese amor que puso en lo suyo radicaba el secreto de su éxito y la clave de su arraigo.
LA VOZ DEL DANZÓN
Su orquesta, revitalizada por su hijo Pablo —médico de profesión— vuelve a sonar. Se recuerda al cantante en los festivales danzoneros de Manatí, y en los últimos tiempos se dieron a conocer interesantes acercamientos teóricos a su trabajo... Aun después de muerto, Barbarito continúa siendo la voz del danzón. En su voz, un ritmo más que centenario parece siempre nuevo. Y lo que es más curioso todavía: gente que no gusta de ese género musical escucha con respeto y admiración a Barbarito.
El danzón tiene ya 128 años de creado. Nació en Matanzas y durante un tiempo el ritmo concebido por Miguelito Failde fue considerado como «una música propia de negros, lesiva a la moral y las buenas costumbres». Algunos lo vieron como manifestación de una «africana diabólica». Esas valoraciones adversas ponen de relieve, sin embargo, que el elemento más reaccionario de la colonia atisbó lo que había en el danzón de afirmación de la nacionalidad cubana.
Aunque se supone que ya sonara en fechas anteriores, se reconoce el 1ro. de enero de 1879 como la del estreno del primer danzón (Alturas de Simpson) en la forma nueva dada por Failde. Dolores María de Ximeno, en su libro Memorias de Lola María, recordaba al músico y compositor como «artista aplaudidísimo, mimado de nuestra juventud, mestizo, sastre, serio y respetuoso, y de figura por la fina apariencia parecida a la de White [que] con fruición interpretaba sus preciosísimos danzones en su afamada orquesta, sintiéndonos atraídos y subyugados por el recio y ensordecedor sonido del cornetín que él soplaba con tal gusto y maestría que los ojos parecían querérsele salir de las órbitas...».
Serían los bailadores los que dijeran la última palabra. Como afirmó un especialista, el danzón terminó por imponerse por su cadencia, su ritmo y su lentitud.
Toman auge entonces la orquesta del mismo Failde, así como las de Pablo y Raymundo Valenzuela, que aplaudió el nuevo ritmo y lo aceptó como baile típico cubano. En las primeras décadas del siglo XX el danzón cobra su verdadero esplendor cuando José Urfé concreta la forma clásica del género, al incorporarle el son como elemento rítmico, y Antonio María Romeu, El Mago de las Teclas, le introduce el piano, instrumento hasta entonces no utilizado en ese ritmo.
Barbarito guardaba un grato recuerdo del viejo Romeu, «un hombre formidable y un músico notablemente dotado, autor de casi mil danzones». Durante muchos años fue el cantante de su orquesta y logró tal identificación con ese conjunto que para referirse a esta se hizo imprescindible hacer referencia a su persona: la orquesta del maestro Romeu con su cantante Barbarito Diez. Y cuando el compositor murió, se hizo cargo de la orquesta.
NI SASTRE NI MECÁNICO
Nació en Bolondrón, Matanzas, el 4 de diciembre de 1909, y tenía cuatro años cuando sus padres se trasladaron al central Manatí, en la actual provincia de Las Tunas. Al niño le gustaba la música, pero debió ponerse a trabajar desde muy temprano. Su hermano quería que fuese sastre y su progenitor quería verlo convertido en mecánico, mientras su voz ganaba popularidad en la escuela y entre los amigos. Sucedió entonces lo inesperado: llegó a la comunidad el guitarrista Carlos Benemelis, quien buscaba a un cantante. Avisaron a Barbarito e hicieron dos funciones, una en el teatro Manatí y otra en el puerto. Ese fue su debut profesional en la música.
Vendrían después los viajes a La Habana. Su primer empleo en la capital fue como peón de albañil y en la construcción trabajó hasta que un amigo lo llevó a conocer al compositor Graciano Gómez y al músico Isaac Oviedo. Graciano lo escuchó cantar y para su sorpresa le preguntó si estaba libre, porque quería que se asociara con ellos en un trío. Barbarito aceptó. Hasta ese momento ignoraba que alguien pudiera vivir de lo que generaba la música.
Más que amigos, Graciano y Oviedo fueron dos hermanos para él. Con ellos formó parte de quintetos, sextetos y septetos. Cantaban sobre todo en casas y sociedades particulares. El café Vista Alegre, en Belascoaín y San Lázaro, era el punto de reunión de los tres cantantes. Fue allí que conoció al maestro Romeu, un parroquiano habitual.
Eduardo Robreño, teatrista, profesor, periodista y, más que todo, un formidable conversador de nuestra cultura, trazó en su libro Cualquier tiempo pasado fue... esta imagen insuperable de ese café:
«No sería aventurado decir que más de medio centenar de las más gustadas melodías de nuestro cancionero popular surgieron o se esbozaron en aquel lugar. Y que el Vista Alegre fue centro perenne de reunión de los mejores cultores de la trova.
«Sindo Garay y su hijo Guarionex, Graciano Gómez, Manuel Luna, Manolo Romero, Alvarado, Chepín y otros trovadores del momento tenían su cuartel general en esa esquina.
«(...) En una oportunidad Antonio María Romeu llegó triste y apesadumbrado —proseguía Robreño—. Acababa de enterrar a su amigo y compañero de faenas, el popular cantante Fernando Collazo. El Mago de las Teclas lamentaba la desaparición del gran cantante y al mismo tiempo le preocupaba la sustitución del vocalista del conjunto.
«Fue Graciano Gómez quien le dijo: “Antonio, yo tengo conmigo hace años a un muchacho de Manatí que estoy seguro podrá sustituir a Collazo”. Aunque Romeu no quedó muy convencido, al día siguiente le hizo una prueba, en la que pudo constatar sus extraordinarias condiciones de cancionero y su enorme personalidad».
BÁRBARO, NO
Cuando se inició en la radio, los productores le dijeron: «Bárbaro es un nombre muy fuerte; será mejor que te busques otro». Así surgió Barbarito. Cuando se inició en la televisión la guerra de los productores no era ya con el nombre; querían que se moviera, que gesticulara. Respondió: «Canto o bailo. No suelo hacer las dos cosas al mismo tiempo». Así lo hizo y no por eso dejó de ser Barbarito.
Puntualizaba: «Yo, en un escenario o ante las cámaras, soy una especie de maniquí que canta. No me muevo, no hago gestos, no bailo, no hago chistes... No trato de agradar al público por otra vía que no sea la de la canción».
La cleptómana, Longina, Las perlas de tu boca, Ausencia, Lágrimas negras, Te odio, Se fue, Una rosa de Francia... son solo algunas de las muchas canciones que interpretó este hombre que llegó a grabar más de doce discos de larga duración.
Uno de estos —Barbarito canta a Venezuela— integrado exclusivamente por melodías venezolanas llevadas a su estilo, se convirtió en un verdadero éxito en el país sudamericano.
Barbarito Diez decía no tener compositores predilectos y, refería, no mostraba afecto especial por ninguna de las canciones y danzones que interpretaba. «En definitiva —afirmaba— al público me debo y es el público el que impone su gustos». Agregaba: «De no haber sido cantante, hubiera querido ser sastre».
De todas las virtudes, la que más admiraba era el respeto, y el orgullo el defecto que más detestaba.
Muchas emociones experimentó a lo largo de su vida artística. Prefería no evocarlas, pero no podía escamotear la referencia a los homenajes que se le tributaron al arribar a sus setenta años. «En el teatro América, de La Habana, la gente hizo una larga cola para entrar y me recibió, puesta de pie, aplaudiendo durante largos minutos. Si no hubiese estado bien del corazón, ese habría sido el final».
Así era Barbarito, un hombre sencillo, modesto, agradecido, fiel a sí mismo. Ahora, al evocarlo, recuerdo el poema que le dedicó Fina García Marruz en su libro Visitaciones:
«En su profunda naturalidad alienta alta, jamás aguda, serenísima. Cristal monótono, un tanto impasible, refleja todo lo que no entiende. A la inocencia de la isla canta el rey pacífico. ¿De qué mina sin rencor, de qué profunda aristocracia surge su dignidad tranquila?».
Democracia
Democracia
Gobernar pegado a la tierra
Por: José Alejandro Rodríguez
La mujer había quemado las naves en su terruño. De aquí para allá, buscando cura a aquel calvario. Carta tras carta, informe tras informe: abriendo las venas de su historia, desangrándose con más de un funcionario, que jugaba a los escondidos con el fatídico caso. La solución del problema dependía de una firma y la agilización del trámite. Y era un asunto muy sensible. Pero hay funcionarios que no distinguen rostros ni matices. Solo cumplen cifras.
La traba la conocían hasta en los centros espirituales, pero no aparecía el «Elegguá» que abriera los caminos. Su último intento fue en Atención a la Población del gobierno local, y nada se solucionaba. Fue cuando le montó «guardia» al funcionario del Gobierno municipal.
Cuando al fin lo capturó en la calle, el hombre le puso una mano en el hombro y le espetó:
—Negra, lo siento mucho, deja tu asunto en Atención a la Población, que estoy «cogío, cogío». Tengo la agenda cargada toda esta semana, y con «afectaciones» que me han bajado... Es mucho...
Ella se preguntó: ¿No quepo en esa agenda?
Recordaba la historia días atrás cuando participé, como conferencista invitado, en el Taller Pueblo y Gobierno, una feliz iniciativa del Gobierno provincial de Villa Clara. Fue un destello de sabiduría aquel encuentro de dirigentes y funcionarios del Poder Popular mirándose por dentro, haciendo un alto en la gestión para corregir la mira y reflexionar en qué medida están a la medida de ese pueblo y hasta dónde dan tumbos empíricamente.
Sin poses triunfalistas, convencidos de la utilidad del debate, los presentes reconocían que la atención a las quejas y planteamientos de la población, esa retroalimentación oxigenante para dirigir con propiedad, no es la prioridad de algunos funcionarios lastrados por la incapacidad para hacer cumplir las grandes tareas sin abandonar el detalle, la atención a los seres humanos, que al final son la razón de ser de toda institución pública en el país.
Cuando se alertaba de la connotación política que tienen los ojos y orejas pegados al pueblo, este depositario de tantas quejas meditaba en las simplificaciones que en ocasiones hemos hecho de la democracia. Sí, de la democracia socialista, porque con pasividad nos dejamos robar esa palabra por otras sociedades que ni mucho menos llevan savia de pueblo en sus circuitos institucionales, en sus podios y riquezas.
La Revolución Cubana hizo honor a la palabra democracia, con el gran enroque: desplazó a los opresores del poder y se lo confirió al pueblo, para que por sí mismo alcanzara sus derechos. Pero esa democracia no es un mandamiento divino que existe per se, automáticamente, ni podemos darla por sentada. Hay que construirla todos los días, y regarla, para que no marchite. Porque las buenas ideas necesitan también el soplo vivificante de la praxis para no morir en el intento.
En otras palabras: que si es Poder y Popular, no puede convertirse solo en centinela de agónicos recursos locales. Esa polea debe transmitir de arriba hacia abajo, pero también viceversa, so pena de oxidarse. Gobernar con todos, exigir verdaderamente, y no rendirse al aburrimiento en rendiciones de cuentas donde a veces cuenta solo la soledad de los electores en sus soliloquios.
Que conste, no siempre es la orfandad de recursos la limitante. Hay más desatención que imposibles ante ciertos planteamientos de la población. Y los pobres delegados tramitan entre la espada y la pared. Rendir cuentas es dar la cara allí en el barrio y no dejar solo al delegado. Es respetar mediante una respuesta veraz y sustanciosa, que esclarezca incluso cuando no haya solución posible. Es dialogar y confrontar, hacerse acreedor de la confianza con actos más que con palabras. Es poner orden, hacer cumplir la Ley y no permitir injusticia alguna.
Nuestra democracia tiene potencialidades subutilizadas. Y el pueblo no se confunde ni da el bandazo; si no, valdría la pena recordar los debates que generaron el Llamamiento al IV Congreso del Partido, los Parlamentos Obreros y tantas medidas que se han tomado, amasadas y enriquecidas por la discusión popular.
Si, como dijo Fidel, Revolución es cambiar todo lo que debe ser cambiado, abogo porque debatamos lo que haga más poder y más popular al nuestro, erradicando toda la costra de la burocracia y el formalismo. Y exijamos por ello, en una democracia bien pegada a la tierra. Claro que aquella señora y todos los patriotas tienen que caber, con sus criterios y problemas, en una agenda siempre abierta.
Salud para todos, derecho de los cubanos
Salud para todos, derecho de los cubanos
Por Tadeo Sevilla
inSurGente.- “La Habana es mucho más que una ciudad de algarabías callejeras, ómnibus repletos y auténticos músicos populares. Es también el espacio ideal para los sueños donde se cuece la vida, para poetas que deambulan buscando los aires inigualables de un Malecón que anida el espíritu de los amantes que persiguen algo más que la brisa perpetua del Caribe. Los habaneros cargan sus historias sobre las espaldas, en fardos repletos de anécdotas que se acumulan unas sobre otras. Un reservorio de crónicas almacenadas debajo de los adoquines que atestiguan la autenticidad de una ciudad que trasciende en el tiempo, con la altivez de sus columnas y la inmensidad de sus portales(…)”.
Así es La Habana. Noble, gallarda, enorme. Una ciudad que protege a sus habitantes con la misma fiereza que una madre acurruca a sus hijos. Un espacio físico que la naturaleza prodigó en belleza y el espíritu exaltó su gallardía, donde una mano solidaria está presta a servir con la sencillez y humildad que se prestigian los grandes pueblos.
A escasos metros del litoral, se erige un símbolo de esa bondad que caracteriza a los habaneros. El Hospital Clínico Quirúrgico “Hermanos Ameijeiras”, una institución insignia en los servicios de salud que la Revolución Cubana a puesto al servicio del pueblo, a pesar de los ataques y difamaciones que a diario se escuchan en boca de los enemigos de la Patria.
Construido sobre las ruinas de la antigua Casa de Beneficencia, símbolo cruel de una sociedad que obligaba a muchas mujeres pobres a abandonar a sus hijos por falta de recursos para mantenerlos, el Hospital Ameijeiras, como se conoce popularmente, se convirtió en una institución científica de primera línea, con la más moderna tecnología médica puesta a disposición de intelectuales, obreros y campesinos, que vieron por primera vez como una vida podía ser salvada sin que mediaran cobradores.
Después de visitar este hospital, recordé un viejo refrán popular: “Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”. Un refrán que me vino a la memoria al pensar en los apátridas que van por el mundo desmoralizando el esfuerzo de todo un pueblo por crecer entre la bondad y la nobleza. Pero también pensé en los tantos que dentro de la Isla todavía se quejan, sin tener en cuenta que muchos de los servicios que reciben en estas instalaciones científicas, son prohibitivos para millones de seres humanos, incluso en el cacareado Primer Mundo de oportunidades y quimeras.
Recuerdo que hace muchos años, cuando comenzó el programa de trasplantes de corazón en Cuba, en este mismo hospital se le prolongó la vida a un joven negro y campesino, entre muchos cubanos beneficiados, quizás sin percatarse que recibían un beneficio que costaba decenas de miles de dólares. Algo perfectamente imposible en países donde la medicina es un negocio lucrativo que enriquece a quienes lucran con ella.
Muchos cubanos agradecen los esfuerzos y desvelos de estos médicos, enfermeras y personal especializado de la salud, quienes incluso en precarias condiciones de abastecimiento, -como consecuencia de la infame política de estrangulamiento contra Cuba por parte de los Estados Unidos- no han dejado de atender sin distinciones a la población cubana. Un servicio de altísima calidad científica y profesional que no se ha dejado de ofrecer y que en estos momentos entran en nuevas etapas después de la remodelación y actualización de la entidad médica, y que es solo el principio de lo que ya comienza a hacerse en la inmensa mayoría de los hospitales capitalinos y en el resto de la nación.
Por varios días recorrí el hospital, mezclado en los abarrotados ascensores que recorren su ruta buscando salud por los veinticuatro pisos del edificio. Conversé con una empleada de una cafetería que es atendida por hipertensión arterial. También lo hice con un panadero jubilado de la provincia de Matanzas a quien le combaten una fuerte infección pulmonar y con un anciano campesino de las serranías guantanameras que se recupera de una anemia crónica.
En una de sus salas de ingreso conocí a un periodista infartado que compartía su habitación con un vendedor de flores de los mercados populares. Sin distinciones ni privilegios. Nadie te pregunta cuánto tienes, ni quién eres, ni cuánto ganas, a cambio de salvarte la vida. Nadie cuestiona el tratamiento que recibirás, de acuerdo al seguro médico que consigas pagar. Desde una vacuna hasta una tomografía computarizada, el derecho a la salud gratuita en Cuba, es de todos.
La salud cubana es uno de los orgullos de esta Revolución que para muchos, es más grande que ella misma. El cumplimiento materializado de la promesa revolucionaria que Cuba jamás vería morirse a sus hijos de parasitismo o de poliomielitis, ni que sus mujeres pobres parieran en las guardarrayas o que una cama de hospital se cambiara por un voto político.
Un servicio inspirado en la consigna “salud para todos”, defendida por el Comandante en Jefe Fidel Castro desde los primeros años de la Revolución y que hoy es una realidad, reconocida por todo el mundo y con índices difícilmente alcanzados por la inmensa mayoría de los países en vías de desarrollo en términos de salud comunitaria, mortalidad infantil y profilaxis.
Hace algún tiempo, en diversas páginas cibernéticas generadas en el corazón de la contrarrevolución en Miami, -casualmente pagadas con dineros del gobierno norteamericano en su guerra difamatoria y de exterminio contra Cuba- se publicaron fotos que mostraban el estado deplorable de algunas instalaciones médicas en la ciudad de La Habana como una muestra del “fracaso” revolucionario en su afán por alcanzar mejores resultados en términos de salud para el pueblo. Pero ni una sola palabra en estos sitios mercenarios anti cubanos de los esfuerzos del pueblo y gobierno de la Isla por reparar y renovar estas instalaciones médicas, ni tampoco sobre las inhumanas negativas de las diferentes administraciones norteamericanas por más de cuatro décadas a venderle medicamentos y tecnología a Cuba, como parte de la política de bloqueo económico diseñada para estrangular al pueblo cubano que se niega a ponerse de rodillas ante el Imperio.
Ni una palabra de los miles de médicos graduados por la Revolución y que hoy han convertido a Cuba en una de las naciones con un per cápita de habitantes por galenos, apenas superable por los más industrializados países del Primer Mundo. Ni una palabra de los miles de médicos que prestan sus servicios en cientos de países pobres, aportando sus servicios a millones de seres humanos que jamás soñaron con ser atendidos por un profesional de la salud.
Ni una palabra pronuncian estos testaferros del Imperio que prefieren ultrajar los esfuerzos de su propio pueblo, de la dignidad con que decenas de miles de hombres y mujeres reparten salud y devuelven sonrisas por el mundo. No hablan de la Operación Milagro que le ha devuelto la visión a muchos desposeídos en Latinoamérica, no mencionan el programa Barrio Adentro en los cerros de Caracas y en toda la geografía venezolana, no comentan de los cubanos que dejan sus casas y sus familias para llevar sus conocimientos a las selvas africanas o a los desiertos del Medio Oriente.
El odio que se genera entre esta excrescencia humana que vive y difama desde Miami es tan grande hacia su propio pueblo que solo sirven para incitar deserciones entre estos médicos, por hacer fracasar los planes de ayuda y colaboración médica que ofrece Cuba a los más pobres del Tercer Mundo, prometiéndoles que a cambio de traicionar a su vocación, a su Patria y a su pueblo, tendrán la ventaja de ser “aceptados” en las tierras del Imperio y la ignominia, aunque sin decirles la enorme verdad que el precio de su traición será, en la mayoría de los casos, la imposibilidad de ejercer nuevamente sus carreras.
Cosas de la vida amigos míos. Mientras unos se retuercen y diseminan sus odios en las cuevas que le sirven de exilio seguro en el Miami de sus calamidades espirituales, aquí, en las calles de La Habana, a pesar de las dificultades, los cubanos andan seguros que nunca quedarán desamparados y que esta Revolución de los humildes, con los humildes y para los humildes, jamás escatimará esfuerzos porque la salud pública, sea un derecho de todo el pueblo. Por eso no me quedan dudas que La Habana, mi hermano, no tiene comparación.
La unidad ya no es una utopía
Entrevista A Miguel Bonasso
La unidad ya no es una utopía
Por Deny Extremera
“En América Latina siempre ha habido un vínculo singular, incluso de carácter político, entre los pueblos y sus escritores… Los escritores, los intelectuales en América Latina tienen una influencia muy grande: en la crítica social y política y a veces en la acción social y política, como es el caso de Rodolfo Walsh”, afirmó el diputado argentino Miguel Bonasso en un encuentro con la prensa luego de presentar el libro Operación masacre, de Walsh, durante la Feria Internacional del Libro Cuba 2007, en La Habana.
Bonasso ganó en el 2002 el Premio Honorífico de Narrativa José María Arguedas, que entrega la Casa de las Américas, por Diario de un clandestino, y ha publicado además las novelas Recuerdo de la muerte (1984, premio Rodolfo Walsh a la mejor narración testimonial de tema criminal otorgado por la International Crime Writers Association en 1988); El presidente que no fue (1997, premiada por los libreros argentinos y por la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata), La memoria en donde ardía (1990) y Don Alfredo (1999).
“Desgraciadamente en este momento me está ocurriendo una cosa terrible… El militante político me está apagando un poco al escritor y al periodista. Estoy lanzado a la campaña como candidato a jefe de gobierno de la ciudad autónoma de Buenos Aires, y soy diputado en un mandato hasta diciembre. Tengo enormes ganas de escribir, me hubiera gustado, entre otras cosas, escribir algo sobre Rodolfo… Siempre tengo proyectos, incluso proyectos de novelas”, declaró, y de inmediato aclaró: “de novelas novelas, de ficción ficción”…
Retomando el tema de Rodolfo Walsh y su obra, en la que se cruzan y armonizan el periodismo y la literatura, Bonasso opinó que la interrelación o convivencia de novela y periodismo en los escritores es una corriente con mucha historia y en la que se pueden mencionar antecedentes como John Dos Passos, Ernest Hemingway, el propio Rodolfo, Truman Capote. En el caso argentino hasta en el siglo XIX, con el propio Sarmiento. O el Diario del año de la peste, de Daniel Defoe…
“Es una corriente muy importante. Borges decía que había que tener cuidado con el periodismo porque se parece peligrosamente a la literatura. Yo diría que a veces se parece positivamente a la literatura. Lo que hacemos nosotros, cuando hacemos periodismo, es precisamente literatura bajo presión, literatura de urgencia… Así como hacemos una tarea de historiadores, somos historiadores del instante”.
Sobre los cambios políticos que se aprecian en América Latina en los últimos años y el papel de la cultura en ellos, estimó que es clave la acción de los intelectuales, los escritores, los artistas. En ese giro a la izquierda, consideró que “se han dado cuenta los pueblos primero que muchos intelectuales. El modelo neoliberal les hizo ver claro que tenía límites precisos, y por eso ocurre lo que está ocurriendo: no es un fenómeno milagroso o fantástico, que de golpe haya ocurrido un contagio de posiciones progresistas, integracionistas o francamente izquierdistas, sino que es la consecuencia de los ´90, de la aplicación de un modelo inhumano, imposible de soportar, que lejos de abarcar a toda la sociedad de los distintos países excluía a millones de personas”.
“Es un modelo que defendía el mercado pero expulsaba del mercado a medio mundo. Hay una contradicción en sus términos que lo torna inaguantable para la gente. Y emergen las distintas alternativas: desarrollistas, más integracionistas, algunas anticapitalistas, socialistas. Pero, más allá de la gradación ideológica, del mayor o menor grado de intensidad en el proyecto estratégico, creo que todos hemos comprendido que solo no se salva ningún país, ni siquiera Brasil… En esta etapa de globalización, o nos unimos o nos devoran. Entonces la unidad ya no es una utopía de carácter ideológico o ideologista, sino cuestión de vida o muerte”.
Bonasso integra la amplia comitiva de escritores y otras importantes personalidades argentinas que viajó a La Habana para participar en la XVI Feria Internacional del Libro Cuba 2007, que tiene su primera etapa en La Habana, en la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña, y está dedicada a la nación sureña como país invitado de honor, que ocupa en ese recinto un área expositiva de más de 500 metros cuadrados.
También forman parte de la delegación, entre otros, David Viñas, Horacio González, Vicente Battista, Liliana Hecker, Lilia Ferreira, Diana Bellesi, Silvia Iparraguirre, Ana María Ramb, Daniel Samoilovich, Silvia Schujer y el historietista Joaquín Lavado (Quino), así como los músicos Juan Carlos Baglietto, Lito Vitale, Teresa Parodi, Pedro Aznar, Juan Falú, David Lebón, Claudia Puyó, Roberto "Palo" Pandolfo, Hilda Lizarazu, Liliana Vitale, Horacio Fontova y Héctor Stara.
La Feria Internacional del Libro Cuba 2007, a la que asisten casi un centenar de expositores extranjeros en representación de unas 550 editoriales de 28 países y medio centenar de expositores nacionales, se extenderá luego de su etapa habanera por otras 40 ciudades de la Isla.
Venezuela ayudará a Cuba a elevar capacidad de Internet
Venezuela ayudará a Cuba a elevar capacidad de Internet
Un cable submarino de fibra óptica entre Cuba y Venezuela podría ser concluido en los próximos dos años, informó un funcionario de comunicaciones de Venezuela el jueves sobre el proyecto que ampliaría en gran medida la capacidad de telefonía e Internet de la isla.
El presidente de la empresa estatal Telecom Venezuela, Julio Durán, el acuerdo suscrito en enero estipula el tendido de una línea capaz de transmitir 160 gigabytes por segundo.
La cifra es 1.000 veces superior a la capacidad que tiene actualmente Cuba en su conexión satelital con Internet, la cual es de 65 megabytes por segundo para subir información y de 124 megabytes por segundo para bajar o descargar información de acuerdo con datos del ministro de Comunicaciones de Cuba, Ramiro Valdés.
El nuevo cable sortearía lo que las autoridades cubanas han descrito como sofocantes restricciones impuestas por el embargo comercial estadounidense a Cuba que, afirman, les impide e posibles conexiones con empresas privadas proveedoras de líneas de fibra óptica en la región.
''Es un proyecto muy importante, no sólo para Venezuela y Cuba, sino para todas las naciones latinoamericanas'', señaló Durán durante una entrevista en una conferencia de informática en La Habana, la capital de Cuba.
El proyecto forma parte de una serie de acuerdos firmados a finales del mes pasado entre Cuba y Venezuela, cuyo presidente Hugo Chávez busca fortalecer las relaciones políticas y económicas con sus aliados cubanos.
Durán se negó a informar el costo del enlace submarino de 1.552 kilómetros de longitud al señalar que aún está en estudio. Sin embargo, indicó que las autoridades venezolanas conversaban con empresas chinas y europeas para la adquisición de líneas de fibra óptica o de otro tipo de asistencia.
Consideró que los contratos de la obra podrían ser firmados a finales de abril y que el proyecto debería estar terminado en ''menos de dos años''.
El enlace tiene varios puntos de interconexión que podrían permitir la participación de otras naciones del Caribe y Centroamérica.
Durán, cuya empresa trabaja de manera conjunta con la empresa estatal de comunicaciones de Cuba, dijo que el cable aportaría ''muchos beneficios'' a Venezuela al facilitarle las telecomunicaciones con Cuba.
''Ya nos hemos beneficiado del apoyo sanitario, educativo y cultural del pueblo cubano'', dijo Durán en referencia a los casi 20.000 cubanos que ofrecen servicios médicos, educativos y de otro tipo en la nación sudamericana.












