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Un deber con el Che

por AlexisRojas @ Miércoles, Oct. 10, 2007 - 06:38:28 am

Un deber con el Che

Por Armando Hart Dávalos
Hace cuatro décadas entregaba su vida por la causa de la liberación americana aquel hombre que fue inscrito en su ciudad natal, Rosario, como Ernesto Guevara de la Serna y que los cubanos, y más tarde el mundo, bautizarían para siempre como el Che.
Hoy, nuestro mejor homenaje al Guerrillero Heroico debe ser rescatar, exaltar y darle continuidad a sus ideas acerca del hombre nuevo como portador de enormes posibilidades creativas. No seríamos fieles a su memoria si dejáramos de analizar sus ideas e iniciativas expuestas en la década del 60, actualizándolas a la luz de nuestras experiencias de hoy, de forma que permita a las nuevas generaciones darle continuidad a su inmenso legado.
El Che fue una síntesis de hombre de acción y pensamiento, rasgos que suelen presentarse en la conciencia humana como contradictorios. En él se funden en una sola pieza el guerrillero, el dirigente de la industria y la economía, el hombre de Estado y de la política, el investigador y promotor de nuevos pensamientos. Enemigo del dogma, de los esquemas, crítico de lo mal hecho a partir de una gran exigencia a sí mismo, alto sentido de la responsabilidad social y un irrenunciable compromiso con los pobres. Su figura, convertida en mito, trasciende la historia americana y le infunde, a la vez, nuevos alientos y riqueza al ideal socialista.
Él destacó la influencia de los estímulos morales en la edificación de la nueva sociedad. Fidel subrayó en la crisis de octubre de 1962 que los soviéticos podían quitarnos los cohetes que habían instalado en Cuba, pero nadie podría arrebatarnos los cohetes morales que nuestro país representa. Estos últimos son los que explican la supervivencia y la sostenida influencia de la Revolución Cubana.
Más de cuatro décadas después, el tema de la subjetividad, y por tanto de la ética, se nos revela en una forma más completa y definida. En los años 60, Fidel y el Che situaron la subjetividad en los procesos de la historia. En El socialismo y el hombre en Cuba, el Che aborda el tema crucial de la superestructura ideológica, política, moral y cultural y de sus relaciones con la base económica en la especificidad cubana de los primeros años de la Revolución. El Che percibió que el mal que aquejaba al llamado socialismo real no se resolvía solo con el crecimiento de los recursos materiales. Hacía falta promover la vida espiritual necesaria a toda civilización y de manera más profunda al socialismo. Sin el «resorte» de la explotación del hombre por el hombre, se hace imprescindible una exaltación moral mayor. Aquel sigue siendo, pues, un texto central que los revolucionarios contemporáneos debemos estudiar profundamente.
Quienes estaban obligados a hacerlo no escucharon sus advertencias de entonces. Tampoco se oyeron los planteamientos de Fidel en ocasión de los dramáticos sucesos de Checoslovaquia en 1968. Precisamente en la idea del Che acerca del papel central que desempeñan los factores éticos y morales en la historia, y en la búsqueda que emprendió con respecto a los caminos eficaces hacia la sociedad socialista están las claves esenciales para entender los dramáticos procesos ocurridos en la Europa del Este y en la URSS.
Más de cuatro décadas después los planteamientos hechos por el Che acerca del tema de la subjetividad y de los estímulos morales adquieren una vigencia renovada. Hoy, en medio de impresionantes avances científicos, debemos situarlo en el plano más amplio y general de la cultura, ya que el papel del hombre con un alto nivel de instrucción se ha convertido en factor esencial y determinante de la producción.
El Comandante Ernesto Che Guevara es un símbolo de las mejores tradiciones éticas del siglo XX, y se proyecta con esa luz en esta nueva centuria. Fue el primero que habló de la necesidad de forjar el hombre nuevo. Y esa tarea colosal hay que llevarla a cabo en medio de la más profunda crisis ética de la historia de la llamada civilización occidental.
Por eso, frente a los peligros que amenazan con destruir nuestra especie, he venido insistiendo en la necesidad de levantar las banderas de la ética, del derecho y de la política solidaria que forman parte consustancial de la tradición cultural de la nación cubana cuya expresión más alta encontramos en Martí y en su mejor discípulo, Fidel. En el Che está presente, junto al rigor científico de sus análisis de los hechos políticos, sociales, económicos e históricos, la formación ética que lo llevó a enseñar con su propio ejemplo y a forjarse a sí mismo un carácter y un temperamento para encarar con valor a sus enemigos. Por eso, en sus horas finales, cuando se vio sin ningún recurso de defensa frente a sus captores, lanzó su última orden de combate: «¡Disparen, que van a matar a un hombre!».
Con el ejemplo de su vida alimenta el sueño milenario de la humanidad de un mundo de hermandad entre los hombres, de prosperidad compartida, de paz y justicia con verdadero alcance universal.


 
 

¿Rebeldía adolescente o falsa moral de los adultos?

por AlexisRojas @ Miércoles, Oct. 10, 2007 - 06:35:42 am

¿Rebeldía adolescente o falsa moral de los adultos?
Nils Arne Kastberg, director regional de la UNICEF para América Latina y el Caribe, dialogó con este diario sobre el «adultocentrismo»
Por Mario Cremata Ferrán, estudiante de Periodismo
Para este alto funcionario de la UNICEF los últimos cuatro años han sido como volver a sus raíces: «Algo que a mi corazón le encanta hacer, que es dar “alguito” de tiempo a una región que me dio tanto».
El 1ro. de septiembre de 2003 Nils Arne Kastberg fue nombrado director regional de la UNICEF para América Latina y el Caribe. Si bien es cierto que todavía no encuentra el sosiego en el que algunos cifran la felicidad, tampoco lo echa de menos. Eligió su destino y pudo realizarlo.
Aunque su tierra natal es Suecia, desde pequeño ha tenido regresos recurrentes a este continente. El año 1980 marca su iniciación profesional en la ONU, y a partir de 1998 fue designado al frente de la Oficina de Programas de Emergencia en la sede del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), en Nueva York.
En ese puesto supervisó arriesgadas operaciones en Kosovo, Afganistán y más recientemente en Iraq y Liberia. Ahora permaneció tres días en Cuba. Horas antes de partir a Panamá concedió esta entrevista a JR.
—En los años 80 se hablaba de la generación X o perdida para catalogar a una juventud descontenta, difusa, adicta, desempleada... que hoy son padres. ¿Qué avizora para las próximas décadas?
—Nunca antes una generación joven ha tenido tantos medios y dispositivos para ejercer influencia; ahora, ¿estamos potenciando eso? A veces se habla de la división informática, o sea, la gran disparidad que se puede dar hacia el futuro entre aquellos que tienen la posibilidad y saben manejar Internet y aquellos que no. Ciertamente esa es una de las grandes divisiones entre jóvenes que son alfabetizados y los que son analfabetos en este tipo de contexto.
«La sociedad actual no siempre favorece el aprendizaje de las habilidades para la vida. Desde hace tres lustros la UNICEF ha estado apoyando a Cuba justamente en el programa Educa para la vida. Pero también es preciso actualizar estos mensajes, porque los que funcionaban hace 10 o 15 años hoy no lo hacen.
«Otra área que estamos tratando de impulsar es lo que llamamos desarrollo adolescente. Venimos de una generación en que se habló y se empezó a permitir la participación adolescente. A menudo el hecho de que en Latinoamérica los chicos no terminen la secundaria se debe a que la escuela es irrelevante para ellos. Ahí tenemos que recapacitar: ¿por qué el crimen, las drogas y tantas cosas destructivas están siendo más atractivas para el adolescente que la escuela o el medio familiar? «En gran parte porque vivimos en una sociedad extremadamente “adultocéntrica”, que considera que el adulto sabe más que el adolescente. Estamos de acuerdo en que uno puede tener más experiencia de vida, pero eso no significa que el otro no la tenga. Si existiera una relación más horizontal y respetuosa entre ambos, se facilitaría el diálogo intergeneracional.
«Esta cuestión me lleva a otro tema que hemos descubierto en el contexto del Informe sobre Violencia en contra de la Niñez y la Adolescencia, que se presentó a la Asamblea General el pasado año. En el mismo se revela que anualmente en Latinoamérica un promedio de 80 000 menores de 18 años mueren a consecuencia de la violencia intrafamiliar; o sea, tenemos a mayores asesinando con total impunidad.
«En cambio, si un adolescente mata a otro adolescente o a un adulto, sale en todos los periódicos como la gran noticia. Mucha gente joven ve la discriminación hacia ellos en el modo en que son retratados por los medios de comunicación.
«Cada año mueren entre 20 000 y 23 000 mujeres desangradas al dar a luz. Si en igual período murieran 23 000 soldados, ¿cuántos discursos pronunciarían los gobernantes?, ¿cuántas marchas de honor y cuántos monumentos se levantarían? Entonces no me explico por qué continúa el silencio alrededor de estos hechos. Hay una especie de hipocresía y un “adultocentrismo” que frustra a los adolescentes de hoy. Por eso la juventud rebelde no es que sea rebelde; en realidad está revelando la falsa moral de los adultos.
«Pueden ser muchas las posibilidades, pero si los más grandes continúan censurando a los más jóvenes mientras ellos mismos cometen barbaridades, es inevitable la división. Así que este sería el mensaje para el mundo adulto: no impidan, faciliten; no traten de controlarlo todo, abran las puertas porque los jóvenes más que nunca pueden acelerar los cambios que necesitamos».
—¿Son las legislaciones actuales en torno al derecho de la Infancia lo suficientemente abarcadoras para cubrir las problemáticas cada vez más complejas en un contexto global?
—No. Particularmente en asuntos migratorios, por ejemplo, ¿cómo se trata a los niños africanos en Europa?, ¿o a adolescentes latinoamericanos en Estados Unidos? Desde la perspectiva de la Convención de los Derechos del Niño ellos deben tener acceso a la salud y la educación independientemente de su estatus migratorio. Ahora en países como Argentina cualquier paraguayo o boliviano en esa situación tiene estos derechos, pero son pocas las naciones que lo han establecido.
«Otra cuestión es el tráfico y la trata. Europa genera el 25 por ciento de estos índices a nivel mundial. A cada rato se autoproclaman “modelo” de tantas cosas y sin embargo han sido incapaces de fomentar mecanismos de protección para reducirlos. Las redes pedofílicas están desarrollándose, y como los afectados son niños de otras regiones, no les importa. Definitivamente sí vemos grandes problemas donde la legislación para preservar a los más pequeños no está».
—¿Cuál sería la fórmula para un mayor protagonismo de la UNICEF en tiempos de globalización neoliberal y guerras imperiales? ¿Acaso una revitalización de las Naciones Unidas como organismo rector?
—La ONU está sujeta a cómo los 192 países miembros respondan. Como sistema, hemos logrado establecer una serie de convenciones que equivaldrían a una Constitución para un estado, pero muchos aprueban estos convenios y después no los aplican en sus respectivos países.
«Una revitalización de las Naciones Unidas implica que todos sus integrantes reconozcan que la gran soberanía no es territorial. En este mundo globalizado la soberanía se traduce en la medida en que ese estado extiende o no un manto protector a sus ciudadanos. Solo así se estará ejerciendo verdadera soberanía.
«Coincidimos en que UNICEF puede jugar un papel proactivo en este sentido y lo que quisiera es que Juventud Rebelde ayude a crear un sentir en la gente de tu edad. Hacia el futuro nosotros tenemos modos más multilaterales de resolver las cosas».
—¿Existe algún mecanismo legal para exigir que los máximos responsables hagan valer lo establecido en la Convención?
—Sí existe. Cuando se instituye una convención se establece un Comité de Seguimiento de los Derechos del Niño que varias veces al año se reúne en Ginebra, Suiza, para elegir 18 miembros. Desgraciadamente, en febrero Latinoamérica pasó de tener tres representantes a solamente uno en esa junta. Cuando los estados presentan sus informes hacemos recomendaciones, pero hay algunos donde nos ha sido difícil divulgar lo aprobado.
—Las cifras de víctimas fatales como consecuencia de la violencia, el incesto, el abuso sobre menores en adopción, la prostitución y el tráfico ilegal son alarmantes ¿Cómo se comportan estos indicadores en América Latina?
—Las estadísticas no son alentadoras. Para que tengas una idea, en el Caribe anglófono el 37 por ciento de los niños y el 44 por ciento de las niñas tienen su iniciación sexual antes de los 12 años. Nosotros le llamamos a eso abuso sexual. Por lo menos hemos empezado a hablar un poco más sobre esos altísimos niveles, lo cual es ya un progreso; pero honestamente es muy difícil porque sobre la violencia existe un manto de silencio. Aunque quisiera, no podría entrar en un hogar y preguntar: ¿usted le pega a su hijo? La temática en sí tiende a generar silencio. No hay buenas cifras y tampoco resulta fácil obtenerlas.
—Si son millones quienes condenan esos crímenes, no son pocos los que demandan acciones más radicales de las autoridades. En este sentido: ¿qué nuevos programas ha puesto en práctica o tiene en perspectiva la UNICEF?
—Lo primero es propiciar un entorno más protector de la niñez, y la sociedad no lo está haciendo. Es prioridad impulsar programas como Educa a tu hijo. Se trata de que la madre le enseñe a su niñita de tres o cuatro años: si un hombre te quiere manosear tú dices que no. Esa pequeña está de cinco a diez veces mejor protegida que el resto. Desde el seno de la familia hasta las políticas de estado tiene que haber toda una planificación.
—Hay un número creciente de infantes cuyo nacimiento siquiera es registrado. ¿Qué nos dice de estos sujetos sin identidad, «sin rastro» de su paso por la vida?
—De los once millones de niños que nacen cada año en Latinoamérica y el Caribe dos millones no son inscritos. Esto quiere decir que muchos están muriendo y de eso no hay registro. Si a uno de esos niños lo roban para adoptarlo la madre no tiene posibilidad de tenerlo de vuelta, porque simplemente no existe. Si uno de esos pequeños fue abusado y murió, no hay modo de demandar justicia por ese acto. Es increíble que en un continente como el nuestro esto suceda.
«En una conferencia en Paraguay, en agosto pasado, se acordó que para el 2010 el subregistro de nacimientos se tiene que reducir a la mitad, y para el 2015 hay que erradicarlo. Aunque en Cuba esto se ha superado, y los felicito en este sentido».
—¿Pudiera aventurarse a un pronóstico para la próxima década, si validamos el auge de las izquierdas en el continente? ¿Qué tipo de impulso pudieran representar estos gobiernos más progresistas?
—En los últimos cuatro años vemos que los programas de transferencias condicionadas han aumentado de unos dos millones a entre 20 y 25 millones de familias que están recibiendo una contribución. Antes no existía esa voluntad por parte de los gobiernos. Ahora se está invirtiendo más en el desarrollo humano que en construir portaaviones o comprar armamento. Se necesita reducir cada vez más el consumo bélico e incrementar el presupuesto social, porque en lo militar es un gasto, y en la niñez una inversión para el futuro regional.
«Puede sonar utópico, pero considero que lo cardinal es no perder la esperanza, porque aquello que nos hace humanos son los derechos; de lo contrario seríamos como animalitos de la selva. No podemos rendirnos en esta lucha por los Derechos Humanos. Si minimizamos esa visión estaríamos renunciando a nuestro ser y consintiendo el exterminio de la especie».
—Muchas veces la UNICEF se ha pronunciado para reconocer la posición de Cuba. ¿Cuál es su visión de la Isla? En su calidad de experto ¿hacia dónde debemos orientar la brújula?
—Lo que sucede en el núcleo familiar, el detectar tempranamente si hay niveles de violencia hacia la niñez, ya sea física o psicológica, es un área a la que debemos prestar mucha atención. Cuando seamos mejores en diagnosticar y en crear metodologías de cómo tu país ha alcanzado los extraordinarios progresos en la protección de la niñez, entonces la UNICEF puede ser un actor de apoyo en su cooperación Sur-Sur, para dar continuidad a esa colaboración con las naciones hermanas. Los grandes logros de Cuba quisiéramos exportarlos.
—Por estos días es feliz noticia en nuestro país el nombramiento de La Colmenita como Embajadora de Buena Voluntad de la UNICEF. ¿Cuáles fueron los principales aportes de esta compañía teatral infantil tomados en cuenta para tal distinción?
—Lo principal es que ellos ya eran embajadores de la niñez, por cómo transmitían el gran aporte de los niños cuando se les da el espacio. La Colmenita refleja lo que con magia y entusiasmo se puede lograr. Al designarlos como el primer grupo teatral en el mundo —justamente un conjunto de niños—, estamos enviando un mensaje y un ejemplo a otros países de lo que todos ellos pueden hacer. La obra de Cremata y su «pequeña» tropa es asombrosa. Nosotros simplemente lo que hemos hecho es reconocer lo que hacía rato ellos estaban demostrando.

Temas, tiempo político y cautela en las elecciones del 2008

por AlexisRojas @ Miércoles, Oct. 10, 2007 - 06:12:13 am

Temas, tiempo político y cautela en las elecciones del 2008
POR RAMÓN SÁNCHEZ-PARODI MONTOTO *
Cuando los republicanos fueron convincentemente derrotados en las elecciones norteamericanas de mitad de mandato presidencial en noviembre del 2006, un gran número de aspirantes a la Presidencia del país saltaron a la palestra.
De hecho, se adelantó en prácticamente un año la lucha electoral en Estados Unidos. El "tiempo político" se ha vuelto excesivamente largo para cualquier aspirante declarado o potencial, tanto en términos de sus declaraciones públicas, como en la necesidad de recaudar dinero para la campaña.
Se incurre en más gastos dado lo prolongado de la contienda, lo que significa recaudar más fondos y durante más tiempo. Es una de las razones por las cuales cerca de una veintena de aspirantes ha formalizado su propósito creando los "comités de campaña", lo cual los autoriza a recaudar fondos con fines electorales.
En cuanto a las declaraciones públicas, existe una doble y contradictoria situación. Cualquier candidato, para mantener su "vigencia" y "credibilidad", debe buscar presencia pública; y la forma de hacerlo es mediante declaraciones sobre los principales "temas", los cuales no son determinados por el candidato, sino que les son impuestos por el propio decursar de los acontecimientos y el interés que se suscite alrededor de una determinada situación. Esto requiere que el candidato actúe con cautela y se limite en sus expresiones públicas, para evitar "quemarse" por determinado pronunciamiento anticipado sobre un "tema" que aún tiene un largo "tiempo político" para desarrollarse. Cualquier declaración intempestiva o "fuera de línea" puede "ensombrecer" las posibilidades del aspirante en el futuro desarrollo de la campaña por la silla presidencial.
A más de 13 meses de la votación, los temas más candentes cubren el espectro doméstico y el internacional. Estos temas guardan una estrecha relación tanto con la caída de la popularidad de Bush como con las vicisitudes por las que atraviesan los políticos y aspirantes republicanos, para los cuales la mejor opción, en lugar de buscar el respaldo del presidente Bush, es tomar distancia de las posiciones y la política del actual ocupante de la Casa Blanca, tal como ha expresado el potencial aspirante republicano Newt Gingrich.
Expresado en forma sintética, el debate candente gira ahora alrededor de cómo y cuándo lograr una salida airosa de Estados Unidos de Iraq; cómo enfrentar una posible recesión de la economía, amenazada hoy por la caída en el mercado de bienes raíces y en el financiero; o cómo implementar una reforma del sistema de inmigración. No existe un consenso nacional sobre estos asuntos, y las respuestas y soluciones van más allá de las posibilidades de acción de los candidatos.
Hay un alto grado de incertidumbre sobre estas situaciones, y la mejor opción para los aspirantes presidenciales es obrar con la mayor cautela, especialmente para aquellos que han logrado un apoyo considerable entre las fuerzas políticas de su partido, y aparecen delante en las encuestas de opinión pública (Rudolph Giuliani, John McCain y Mitt Romney, entre los republicanos; Hillary Clinton y Barack Obama, entre los demócratas). La etapa decisiva de la campaña aún no ha comenzado.
Más fácil les resulta a los aspirantes pronunciarse acerca de la decena de temas tradicionales en las campañas presidenciales. Estos abarcan cuestiones tales como el funcionamiento del gobierno, el monto y distribución de los presupuestos federales y el alcance de los impuestos; la creación y la conservación de empleos y los salarios; la cobertura del gobierno federal a los programas de asistencia a la salud y la educación; la protección a la niñez, a las mujeres y a la tercera edad; la forma de enfrentar la crisis del sistema de seguridad social; los valores éticos y morales en la sociedad, incluyendo la actitud hacia las inclinaciones sexuales de las personas; el nivel de violencia en el país y la actuación de las agencias que aplican las leyes; la recuperación del prestigio y la influencia de Estados Unidos en el mundo; la protección del medio ambiente y la lucha contra las drogas.
Aunque republicanos y demócratas parten de tradiciones políticas diferentes, la mayor parte de las veces las posiciones de los candidatos reflejan más sus filosofías conservadoras o liberales, o sus intereses económicos y políticos locales, antes que un consenso partidista. No todos los temas tienen la misma atracción y la misma importancia para las minorías latinas, asiáticas o negras, que para las mujeres o personas de la tercera edad, o las lesbianas o transexuales, o los creyentes o no creyentes, o los sindicatos o las corporaciones.
(Esta es una cuestión a la que nos referiremos con mayor detalle en futuros comentarios.)
En el próximo trabajo hablaremos sobre el calendario electoral y el significado de las diferentes etapas con énfasis en lo que representa cada una en esta contienda electoral.
* El autor fue Jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Washington, D.C., de septiembre de 1977 a abril de 1989.

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